dilluns, 27 de febrer de 2012

7 días con Nelsa Curbelo

En varias ocasiones he escuchado a Nelsa Curbelo explicar que de las comunidades de mujeres indígenas en América Latina aprendió que existen tres tipos de poderes. El poder que se ejerce sobre los demás (el que suele estar en manos de la autoridad), el poder que se realiza con los demás (por ejemplo, la fuerza de un grupo o comunidad) y, finalmente el poder desde los demás, el que te otorgan los otros por el respeto, admiración y confianza que esta persona genera. Este último sería el caso de figuras históricas como Jesús o Gandhi. Me atrevería a afirmar que también Nelsa Curbelo formaría parte de este grupo. Lo he podido comprobar en primera persona en estos días en que he tenido el lujo de acompañarla en su visita a Barcelona con motivo de ser investida Dra. Honoris Causa por la Universitat Ramon Llull (URL) a propuesta de la Fundación Pere Tarrés.



Es un poder que ha convertido a esta experta mundial en derechos humanos y no violencia en “la abuelita de los gánster”. Así se titula el magnífico reportaje de Aljaazira que retrata el trabajo que está realizando Nelsa Curbelo con jóvenes “pandilleros” en Guayaquil y que la ha hecho ser nominada en dos ocasiones al Nobel de la Paz. Sin duda, lograr que “los pandis” (como ella los denomina) la llamen “jefa” es todo un símbolo de respeto y poder. 

Un poder que se ejerce básicamente con su presencia y con palabra porque he podido comprobar que su discurso es capaz de seducir desde periodistas, de atrapar a rectores y vicerectores, de emocionar a profesores y estudiantes universitarios, educadores y mediadores de barrio y de conectar con un grupo de familias sencillas de origen inmigrante de un barrio de Hospitalet.





Cuentos de acción, violencia, solidaridad y esperanza.
“Es un encanto”, es el adjetivo que más veces he oído estos días definiéndola. Porque esta mujer coqueta que siempre lleva pintalabios en el bolso, es alegre, apasionada, cercana, cálida, afectuosa y conversadora incansable. Y le encanta explicar “cuentos” de sus “pandis”. 

Cuentos de acción donde proliferan las armas, los tiros, las amenazas, la corrupción y donde su ONG Ser Paz, Nelsa Curbelo ha arrancado de las garras de las bandas juveniles violentas a unos 5.000 jóvenes que ha reinsertado en la sociedad. “¿Reinsertarlos en qué sociedad?”, ha replicado la Dra Curbelo estos días en varias entrevistas “¿Qué les ofrece esta sociedad a ellos para que quieran venir a este lado? Hay que cambiar de los dos lados, sino no se producen cambios ¿Es que la sociedad está cambiando para ofrecerles modelos mejores o mejores oportunidades?”. Son cuentos que hablan de guetos como canta un reggaeton de Guayaquil, esa música que Nelsa Curbelo le gusta bailar a sus 70 años de edad: “Los jóvenes no están en situación de exclusión de la sociedad, sino de expulsión. La sociedad los ha expulsado”. Porque cuando estás excluido puedes volver, pero cuando estás expulsado ya no puedes regresar. 

Los “cuentos” de Nelsa Curbelo nos apuntan a todos con el dedo, haciéndonos responsables y cómplices de la situación de estos jóvenes. “¿De quién es la culpa? Cuando ellos nacieron ya existían las drogas y las armas, no las inventó ningún joven. Ellos nacen inocentes, es la sociedad la que los hace ser así”. Curbelo presenta a los jóvenes pandilleros como “chavales normales, que no han generado ningún tipo de rechazo a la violencia, que han aprendido desde niños que la violencia es una forma habitual de resolver conflictos”. En este sentido, me resulta revelador un “cuento” donde Nelsa Curbelo explica que poco antes de venir a Barcelona habían descubierto que niños de ocho años vendían en el patio del colegio papelinas repletas de yeso blanco del que se caí de la pared como si fuera droga, y al preguntarles explicaron que eso era lo que vendían sus abuelas y ellos querían ayudar en casa. Precisamente, muchos niños entran en las “pandillas” a los ocho años porque encuentran en el grupo lo que no encuentran en la familia: el afecto, la protección, la seguridad, el apoyo, la confianza. Por lo tanto, ya no es sólo resultado de problemas económicos o sociales sino también de afecto. Y es que si lo pensamos bien, las bandas urbanas en realidad crean una red de solidaridad y de lealtad muy sólida. 

De hecho, como no se ha cansado de repetir en estos días de entrevistas, conferencias y visitas: “Tenemos unos 60.000 jóvenes en pandillas, no todos son delincuentes. La ecuación no es exacta. Esta generalización les da un poder que no tienen. Si creemos que son peligrosos, ellos se comportan como la sociedad espera que se comporten”. Por eso, tiene tanto sentido y es tan coherente pero también tan sorprendente escuchar a Nelsa Curbelo explicar que los protagonistas de estos cuentos en realidad son jóvenes tienen miedo, por eso entran en una banda, para protegerse. “No son ni quiera rebeldes, tienen sus jefes, sus reglas, su disciplina”. 

Por eso, ha sido tan efectivo su modelo de no enfrentamiento sino de acercarse a ellos para cambiar el grupo desde dentro, desde el líder. Esta mujer nacida en Uruguay explica también cuentos con mensaje de no violencia cercano a Gandhi, compara su labor con árbol de la India “cuya copa era grande como un estadio de futbol y lanzaba unas ramas rectas al suelo que echaban raíces y generaban otro árbol”. El trabajo de Ser Paz en Guayaquil es, por tanto, lanzar ramas sobre los jóvenes para intentar generar cambios en la raíz. 

Un emotivo reconocimiento para las profesiones sociales.
Estos días con Nelsa he aprendido muchas cosas gracias a la moraleja que arrojan el final de cada una de sus historias. De la fractura familiar que supone la inmigración, del corralito que tuvo lugar en Ecuador, de la corrupción del sistema, de la falta de abrazos, de los jóvenes, del fútbol callejero, pero también de la tolerancia, de la entrega, del compromiso durante toda la vida, de la honestidad, el servicio a los demás, a la sociedad y al mundo, del optimismo y la esperanza en la sociedad. Y es que lo más sorprendente es que cuando narra sucesos terribles que ha vivido nunca pierde la sonrisa y el buen humor. 

Por eso, no es de extrañar que después de escucharla tantos estudiantes de Educación Social y Trabajo Social de la Fundación Pere Tarrés hayan solicitado hacer sus prácticas de la carrera en Guayaquil colaborando con la ONG Ser Paz. O que una alumna comentara en el pasillo después del acto de investidura de Dra. Honoris Causa: “Las palabras de Nelsa Curbelo dan sentido a mi decisión de estudiar en esta Facultad”. 

Para la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés también era significativo que su primera Dra. Honoris Causa fuera una persona que está trabajando por los derechos humanos, la paz de una manera que combina tanto la intervención directa, el trabajo en barrio y en las calles, con el trabajo intelectual, de docencia y difusión del conocimiento. Y es que precisamente investir a Nelsa Curbelo como Dra. Honoris Causa otorga un mayor prestigio a las carreras sociales que demasiado a menudo son ninguneadas por otras aéreas del saber. Lo supo expresar perfectamente en su discurso la rectora de la URL: “Es indiscutible que la Dra Curbelo ha creado un nuevo modelo de intervención. Si en lugar de trabajar en el ámbito de las ciencias sociales lo hiciéramos en el tecnológico o económico estaríamos hablado de innovación”.

Nota: La visita de Nelsa Curbelo ha tenido una destacada repercusión en los medios de comunicación y el acto de investidura llegó a ser Trending Topic en España el viernes 10 de febrero.

Más información


Isabel Vergara
Cap de premsa i comunicació institucional de la Fundació Pere Tarrés

2 comentaris:

  1. Maravillosa mujer ,,siempre admirada y querida en Guayaquil

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  2. Cuanta razón tienes! Ahora también es muy querida y admirada en Barcelona. Qué gran trabajo hace en Guayaquil!

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