dimecres, 24 de desembre de 2014

La gestión de la información como parte de la intervención en Trabajo Social

Cuando se trata de diferenciar entre los diferentes profesionales dedicados a la intervención social uno de los rasgos distintivos que se atribuyen al trabajador social es la gestión. 

La imagen del profesional tras una mesa llena de papeles, ahogado en trámites y procesos es a la vez la caricatura y la faz más temida por los estudiantes de trabajo social.
Pero una caricatura es exactamente la representación exagerada de algún trazo que guarda relación con la realidad.  


Así que es verdad que la gestión es parte de la rutina profesional del trabajador social. Y en realidad lo es desde siempre, desde que Mary Richmond al principio del siglo XX definió la importancia del registro, de la sistematización y del diagnóstico como elementos básicos del proceso de trabajo de esa profesión.  


En aquel entonces la burocracia tampoco era un villano, pues representaba un orden racional que aseguraba a la administración moderna de los Estados un cierto grado de eficiencia e imparcialidad. 


Así que la información que nos aporta el usuario (y su subsecuente gestión) es parte inherente de nuestro proceso de trabajo. Sin embargo, el escenario que nos encontramos hoy puede dar la impresión de que trabajamos con la finalidad de llenar papeles y tramitarlos, que nuestro papel profesional se reduce a la gestión.  O peor….que la gestión nos reduce.
Pero ese entendimiento tiene que ver con la reproducción de un modo de gestionar que se corresponde con los procesos de trabajo del siglo XX.


Los recursos se encuentran al día de hoy en un entramado de redes mucho más complejo. Nunca la información fue tan abundante y tan compartida. Las relaciones institucionales jerárquicas y los procesos lineales se substituyen por relaciones de coordinación.  De un momento a otro se hacen más accesibles tanto la historia social como la historia clínica, se comparten datos y se generan informes automatizados. 


Así que los sistemas clásicos de recogida de información coexisten con sistemas informatizados, interoperables entre instituciones y actores.  Se crean plataformas, se prueban aplicativos, se gestionan los casos de forma remota y se les asignan recursos por Internet.  Pero rara veces nos preguntamos sobre que nos informan los sistemas que alimentamos, en un lógica más centrada en los inputs que en los outputs.  La gestión del volumen de información disponible, por ejemplo, para fines de investigación, es algo que poco se aprovecha. 


La gestión cotidiana está pensada para dar respuestas a procesos de trabajo aún bastante fieles al siglo XX – tanto en lo que dice respecto a los trabajadores sociales cuanto a las instituciones en que trabajan.  Es como enfrentar la complexidad del siglo XXI con el entendimiento clásico de una burocracia que hoy se presenta llena de distorsiones y al servicio de la tecnocracia. 


La gestión que se impone tiene que ver con manejar un gran volumen de información, recursos limitados y nuevas formas de relación interinstitucional.  Saber gestionar la información ya no se corresponde con saber preparar una plantilla o rellenar los formularios.  Eso es básico y se supone aprendido. Pero las preguntas han cambiado y las respuestas tendrán que ser otras.  
Se presentan como retos las coordinaciones en red, la gestión de los niveles de interoperabilidad entre sistemas, la gestión del volumen de información y de la confidencialidad, un buen sistema de comunicación matricial, el uso adecuado de las tecnologías, la adopción de nuevos modelos de toma de decisión, el diseño de flujos y procesos horizontales, el logro de una coordinación interdisciplinar efectiva, el diseño de sistemas expertos, la gestión de la información para la investigación,  entre otros.  Esos son los retos que requieren nuevas habilidades y que suponen nuevos procesos de trabajo que en última instancia definirán los nuevos procesos de gestión en Trabajo Social. 


Pero en un entorno tan complejo es fácil perder de vista al elemento central de todo ese entramado hiper conectado: el usuario y el proceso de ayuda. Los procesos de gestión deben estar diseñados a partir de esa centralidad, a su servicio.  La gestión no es consecuencia de la intervención (lo que queda por registrar o lo que habrá que informar). Tampoco es parte de la intervención….la gestión de la información es lo que le hace posible. 


Maria Tereza Leal Cavalcante


Profesora de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés - URL 

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