dijous, 27 d’octubre de 2016

Cómo evaluar el impacto de la entidad sin morir en el intento



Comenzar a evaluar el impacto de la actividad que lleva a cabo una organización puede convertirse en toda una aventura. Más allá de qué metodología de evaluación usamos, y del ámbito en el que trabajamos, hay algunos aspectos que vale la pena tener en cuenta si no queremos morir en el intento de evaluar el impacto de nuestra entidad.

La dirección y el equipo profesional deben avanzar juntos. La evaluación de impacto es un proceso que implica reflexionar sobre qué quiere conseguir la entidad, de qué manera debe hacerlo y qué resultados consigue. Asimismo, es posible que surjan nuevas tareas (recogida de información, sesiones de reflexión de resultados), que habrá que prever y hacer visibles. Es imprescindible contar con el compromiso de toda la entidad para sumar las diversas visiones y experiencias, y para integrar la evaluación en el día a día de los equipos.

No pretendamos evaluar todo. Fijémonos en lo esencial, en aquellos aspectos en los que realmente queremos y podemos incidir a través de nuestra actuación. Seguramente, con unos cuantos indicadores tendremos suficiente para empezar a tener información muy relevante.

Hay que ajustar las expectativas desde el inicio. Es bueno que tanto profesionales como Dirección tengan claro desde el principio qué implica el proceso de evaluación, qué información se podrá obtener con la metodología empleada y para qué servirá. ¡También es muy importante tener presente que los resultados de la evaluación no tienen por qué ser positivos! No siempre podremos presumir que hacemos las cosas bien. Pero saber qué es lo que no funciona es justamente lo que nos permitirá aprender y mejorar.
Aprovechemos esfuerzos: ¡la entidad ya hace mucho trabajo! Es probable que a estas alturas vuestra entidad ya haga cosas que, a pesar de tener otros objetivos, os sirvan también para evaluar el impacto: seguramente recoger datos relevantes de los usuarios o les paséis cuestionarios de valoración del servicio. Hay que pensar qué información puede ser útil para la evaluación y cómo procesarla para poder analizarla desde este punto de vista. Es importante integrar al máximo los diversos procesos para no cargar los equipos de trabajo innecesariamente y garantizar el éxito en la recogida.

Aprovechemos también los esfuerzos de los demás. Cada vez más son las entidades que evalúan sus programas y que ponen a disposición de todos los resultados y las metodologías empleadas. Esto sirve tanto a la hora de diseñar la evaluación como si lo que queremos es saber qué tipo de estrategias se han demostrado efectivas a la hora de abordar una problemática, en el caso de que no podamos evaluar nuestra propia intervención. Para ello, pueden ser útiles los bancos de indicadores, como el de Global Value Exchange, o recopilaciones de estudios de evaluación de impacto, como los de la What Works Network, promovida por el gobierno del Reino Unido. ¡Hacemos el chismoso y nos ahorraremos mucho trabajo!

Las TIC nos pueden facilitar mucho el trabajo. Evaluar puede implicar mover una gran cantidad de información, sobre todo si los programas de nuestra entidad tienen muchas personas usuarias, si también recogemos datos provenientes de familiares u otros profesionales, etc. Ante esto, hacer uso de las TIC nos puede facilitar mucho el trabajo. Herramientas específicas para la evaluación como la Well-being Measure de la NPC, o la herramienta Valora, creada por la Fundación Pere Tarrés, nos permiten gestionar con facilidad todo el proceso de recogida y análisis.

Núria Comas
Investigadora social en el departamento de Consultoría y Estudios de la Fundación Pere Tarrés

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