dimecres, 23 de novembre de 2016

El trabajador social ante la pobreza energética

La pobreza energética desgraciadamente está muy presente en nuestra sociedad, y como sabemos, consiste en la imposibilidad de afrontar los gastos más básicos para poder sobrevivir en un ambiente inhóspito.

Es muy duro vivir en unas condiciones de vida que no te permiten afrontar los gastos del agua, la luz y el gas para mantener la higiene, calentar el hogar y cocinar caliente. Llegar a esta situación de carencia es fruto de la insuficiencia de la renta obtenida por el trabajo, las pensiones o las prestaciones económicas de servicios sociales.


Las personas y familias que se encuentran en esta situación, muchas veces recurren a los servicios sociales, especialmente cuando desde la red familiar y de amistades ya no pueden ayudarles.


Vivir de una forma digna es la primera exigencia de la vida humana en comunidad, y su logro es responsabilidad de todos tanto en el trato social como en nuestras actuaciones profesionales. A todo el mundo que vive bien y es sensible al dolor ajeno, le es insoportable ver y convivir con una situación angustiosa ya sea por quedar sin trabajo, por deudas contraídas o por el sufrimiento continuado de personas que queremos. Ante esto aparece el sentimiento de solidaridad social.


La situación de pobreza energética, repercute en las relaciones familiares, la convivencia, en el estado emocional, en la sensación de utilidad ante la vida, en la propia autoestima. También hay una sensación de vergüenza personal, de no haber hecho lo que había que hacer y de autoculpabilización.
 

Esto es lo que muchas veces les llega a los trabajadores sociales, ya que lo que perciben son estados de fuerte contención emocional, de enojo y de desesperación, pero también sabemos y sentimos que estamos frente a necesidades sociales que deben atenderse con recursos sociales; en muchos casos la solución se limitaría a ayudas económicas (como "cuñas" de justicia social) pero muchas veces es difícil salir sin que alguien crea que es posible y te dé la mano para poder "subir de nuevo al tren".

Para incorporar cuñas de justicia social, desde los servicios sociales públicos y desde el Tercer Sector se aplica el Trabajo Social, siempre apostando por la igualdad de oportunidades. Los y las trabajadoras sociales ante situaciones de pobreza energética intervienen facilitando ayudas urgentes para afrontar los gastos básicos, hacen de intermediarios con las entidades suministradoras, mediar en posibles conflictos, hacen informes con valoraciones razonadas sobre las circunstancias que han provocado el estado precario actual, fomentan acciones de compromiso haciendo propuestas a la administración e impulsan procesos de solidaridad social, al tiempo que ponen de manifiesto actuaciones poco éticas.


Los trabajadores sociales aplican los protocolos de actuación establecidos por las administraciones para hacer valoraciones y propuestas ante las diferentes situaciones, teniendo en cuenta como criterios la composición familiar, los factores económicos y de otras circunstancias familiares de riesgo.


Este trabajo que se realiza no debe ser sólo de valoración económica de la necesidad porque el trabajo del trabajador/a social va mucho más allá y ha de poder facilitar, cuando se necesitan, vínculos de confianza con las personas atendidas. Vínculos basados ​​en un trabajo profesional para ayudar a volver a subir al tren de los derechos humanos más básicos de las personas.


Pero también necesitamos debatir más a fondo sobre el problema de las necesidades económicas. Nos tenemos que plantear si las ayudas puntuales que se están aplicando en forma de "cuñas de justicia social" para cada tipo de carencia que aparece (en energías, en transporte, en comida, en alquiler, en tasas ...) ha ser objeto de un control o valoración de la necesidad desde servicios sociales, o si lo que hace falta es afrontar los derechos humanos básicos con Trabajo Social y a la vez con rentas sólidas. Es decir con una renta básica universal o una renta mínima de inserción, unas pensiones suficientes o un salario mínimo digno. Así se puede constituir un hogar digno, mientras que las cuñas sólo apuntalan edificios que tambalean.



Carme Fernández
Directora del Grado en Trabajo Social de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés - URL

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