dimecres, 14 de juny de 2017

Una verdadera responsabilidad social



La responsabilidad social, ya sea denominada corporativa, empresarial o mediante cualquier otra acepción, se ha convertido en la última década en la bandera de toda aquella empresa, organismo, asociación u organización que desarrolla o quiere desarrollar un modelo “responsable” de actividad, que podríamos definir como respetuoso. Este modelo de respeto está, o debería de estar, en todos los ámbitos de la actividad. Así, según el marco conceptual que se quiera utilizar y el tipo de actividad, se puede hablar de un alcance “a toda la cadena de valor”, “al conjunto de los grupos de interés”, “integrado en el modelo de negocio”, “económico, social y medioambiental”, “aguas arriba y abajo del proceso productivo”, etc.

Sin embargo, en cualquiera de las acepciones o marcos conceptuales, esta responsabilidad debe suponer un respeto por los territorios donde se produce la actividad responsable, y esto quiere decir respeto por la legalidad vigente, las instituciones, la cultura, el medio ambiente y, especialmente, respeto por las personas que viven en ese territorio (trabajen para la misma entidad o no).

Si la responsabilidad es un ejercicio respetuoso, uno de los puntos clave debería ser el de construir juntos una sociedad más justa, igualitaria i accesible para todos, poniendo a disposición de ésta las capacidades, conocimientos y recursos que las entidades responsables tienen a su alcance. Es por ello que no tendría sentido este ejercicio como una aportación con un inicio y un final, puntual en el tiempo y con gran impacto estático, sino que debe suponer un impacto duradero y transformador del entorno.


Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados el 25 de septiembre de 2015 por los líderes mundiales con el objetivo de erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para el ser humano, y ahora muy en boga, suponen un reto que tan solo será asumible si se actúa a nivel local. Por otro lado, es fundamental que la responsabilidad vaya más allá de la rendición de cuentas, la transparencia, o la revisión de modelos de comunicación, con el fin de encajar este concepto que ya es condición sine qua non para un correcto posicionamiento.


Es por ello que en el momento de definir estrategias de responsabilidad social, acciones a la comunidad y al territorio, relación con grupos de interés, etc., es deseable por un lado, que la entidad sea respetuosa con los diferentes ámbitos del ejercicio de su actividad y, por otro, que las acciones que realiza en el marco de esta responsabilidad supongan una aportación de largo recorrido, transformadora y creativa (de mejores realidades) y donde la opinión de los beneficiarios cuente.

En este sentido, la cocreación es un concepto cada vez más en uso, que debería suponer que, a la hora de definir modelos de responsabilidad y acciones derivadas de éstos, se tenga en cuenta para su definición el contexto y las necesidades reales del objeto de las mismas. Los procesos participativos y de inclusión de grupos de interés en la definición y evaluación de políticas, actuaciones o estrategias, son prácticas muy recomendables, así como la suma de esfuerzos entre entidades públicas, privadas, asociaciones, etc., que puedan aportar sobre el tema en cuestión, o ya estén trabajando de forma previa. Esta cocreación permite que estos modelos, actuaciones y políticas supongan realmente un empoderamiento de las comunidades y una mejora del sistema, allá donde es verdaderamente necesario y donde los resultados suponen un paso adelante. Es aquí donde la cocreación realmente tiene sentido y donde la responsabilidad social se muestra como un acto de respeto con la comunidad y por el entorno en su conjunto. Podríamos adoptar el concepto de Responsabilidad Social Cocreativa pero quizás ya existe, y en cualquier caso sería otra palabra a sumar donde ya hay demasiadas para decir lo mismo y donde lo realmente importante es hacerlo realidad.

La Fundación Pere Tarrés hace 60 años que trabaja para la mejora social de los sectores más vulnerables de la sociedad. Desde Consultoría y Estudios hacemos uso de este conocimiento de la realidad social y de un equipo experto en asesoramiento, planificación estratégica y operativa, evaluación y gestión de servicios, para acompañar y dar apoyos a entidades sociales, empresas y organismos públicos en el desarrollo de su actividad, aterrizando sus políticas y estrategias a la realidad que conocemos en el desarrollo de nuestra actividad.


José Carlos Hermida
Director de Consultoría y Estudios de la Fundación Pere Tarrés

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